Bonomi sobre la violencia en el deporte

"Una situación de extrema gravedad en materia de seguridad pública, especilamente referida con los hechos relacionados al deporte en los últimos 30 días", fue el motivo de la primera interpelación a un ministro del Interior por un tema relacionado a la violencia en el deporte.

Si bien la suspensión del clásico del 27 de noviembre de 2016 fue relevante no se trató del primer hecho de violencia grave ocurrido en torno a un partido de fútbol.

Hace 112 años, Nacional recibió al CURCC en el Parque Central. El partido al que asistieron ocho mil personas fue custodiado por cuatro policías que vieron desbordaba su tarea. No solo debió suspenderse el encuentro sino que el día fijado para volverse a jugar tampoco pudo terminarse porque el árbitro lo suspendió por falta de garantías. 

En 1924 Uruguay y Argentina jugaron en el marco de la Copa América. Luego del partido, en Ciudad Vieja, se generó un enfrentamiento entre ciudadanos de los dos países donde Pedro Demby, uruguayo de 24 años, murió producto de un balazo. Se trató de la primera muerte en el marco de un evento deportivo. Ver infografía. 

Casi 30 años después, en 1957, jugaron Sud América y Progreso en el Parque Fossa, en un partido decisivo por el ascenso a primera división. Carlos Gómez, hincha de Sud América, murió como consecuencia de golpes recibidos por parte de un grupo de hinchas del equipo rival. Ver infografía.

Dos años después se produce la tercera muerte de un hincha, esta vez Julio Calognil, parcial de Liverpool, falleció al recibir un impacto de bala en el marco del encuentro Liverpool Danubio en Belvere. Ver infografía. 

En 1963 jugaban Nacional y Wanderers en el Estadio Centenario cuando un grupo de hinchas tricolores empujó de la tribuna al talud a Hugo Rodríguez, parcial bohemio, quien muere producto de las heridas. Ver infografía. 

Bonomi continuó su relato detallando desde 1924 hasta la fecha las víctimas de la violencia en el deporte. Ver infografía. 

La separación de hinchadas

Si bien la separación de hinchadas es hoy algo cotidiano en la mayoría de los partidos del fin de semana, no lo era hasta 1985. En el clásico de ese año se decidió que continuaran compartiendo la tribuna Ámsterdam pero separados con un línea divisoria; los de Nacional se sentaban contra la Olímpica y los de Peñarol, contra la América. Un año después, producto de los sucesivos hechos de violencia, no se pudo compartir más la tribuna: los tricolores ocupaban la Ámsterdam y los carboneros la Colombes.

En 1987, luego de un clásico ganado por Nacional, hinchas de Peñarol se dirigieron a la sede y rompieron todos los vidrios. Este hecho sucedió por primera vez en ese año pero se volvió práctica habitual en los días de clásico.

Y la historia se repetiría una y otra vez hasta nuestros días, trasladando la división a otra tribuna históricamente compartida como la Olímpica.

Las barras bravas

Bonomi explicó en su exposición que “con la institucionalización y consolidación de las barras bravas a partir de 1985, nos encontramos ante un fenómeno de violencia distinto, una violencia colectiva, organizada, estructurada y sistemática, que tiene fuertes puntos de contacto con la delincuencia organizada”.

“La entrega de entradas, la compra de banderas, el empleo en los clubes, el transporte para los partidos, el acceso a camisetas para la reventa entre otras, significaron la consolidación de un pacto de mutuo uso. El problema es que ese pacto de mutuo uso, que inicialmente tenía un equilibrio, hace tiempo se ha roto. Las propias barras hoy extorsionan a los dirigentes y los amenazan, porque se han consolidado como un actor fuerte, con acceso a recursos económicos y a una red social de apoyo, donde obtienen respaldo para sus actividades delictivas y también reclutan integrantes” sentenció el Ministro.

En otro fragmento de su exposición el jerarca explico que “la consolidación de este fenómeno ocurre a partir del liderazgo de jefes de barras y sus lugartenientes, que tienen vínculos permanentes con el crimen. Es ahí donde nuestro país comienza a ingresar en un estadio superior, en el que no solamente se dan entradas y se manejan grandes sumas de dinero, sino que también hay participación en servicios, negocios y actividades comerciales que ocurren dentro y en la periferia de los espectáculos y de los eventos deportivos”. 

La barra de Peñarol

Bonomi también hizo referencia a la situación que atraviesa la barra de Peñarol, la cual “tiene una estructura de Jefe, Jefe de Barra, Lugartenientes, Soldados y Banda”. 

“Hoy la jefatura de la Barra está en disputa, y existen como se ha mostrado Jefes de Barras que están disputando el control por el botín y el poder que significan las entradas y toda la estructura de oportunidades que esto habilita. El control de la misma tiene un fundamento económico, ya que su desarrollo se estructura en el tráfico de drogas en las tribunas, la venta de entradas remanentes y los ingresos generados por las ‘donaciones’ hechas por jugadores de fútbol” expresó Bonomi.

Descargar documento completo del Ministro del Interior,
Eduardo Bonomi, sobre la violencia en el deporte 

Montevideo, 16 de febrero de 2017
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