Femicidios en Uruguay: concientizando y educando se pueden frenar

Días atrás el director General de Secretaría, Dr. Charles Carrera, consideró importante la creación de la figura del “femicidio” como delito. Dialogamos con la directora de la División Políticas de Género, Lic. July Zabaleta, para conocer más sobre esta iniciativa, su alcance y perspectiva así como el por qué se producen este tipo de delitos y agresiones. Para la Directora es necesario “promover nuevas masculinidades” y para esto la educación, capacitación y sensibilización “son clave”.

En primer lugar ¿qué diferencia hay entre “femicidio” y “feminicidio”? Y por otra parte ¿qué implica este hecho?
El “femicidio” es un término de la década del 70 que lo que hace es visibilizar los homicidios por razones de género. Acá lo que se intenta hacer es mostrar la cantidad de homicidios de mujeres por el hecho único de ser mujer. Ni siquiera se discute si tiene que ser mayor pena, menor o igual… el objetivo primario es visibilizar; concientizar lo que está pasando. Y en lo que hace al “feminicidio”, éste es un término que se basa en el femicidio pero que tiene otra connotación: responsabiliza al Estado como quien favorece la impunidad en estos hechos.

El “feminicidio”, para el ejemplo más conocido, es la situación de las mujeres de Juárez, en México, donde el Estado es omiso en la prevención, investigación y represión de estos crímenes. No sólo no trabaja para terminar con ese horror sino que además no cumple tampoco con lo mínimo necesario para combatir este tipo de hechos. Por eso en Uruguay por lo menos desde el Ministerio del Interior, manejamos “femicidio” porque no podemos compararlo con la realidad mexicana siendo que nuestro Estado está trabajando fuertemente en esta área. Es cierto que siempre los esfuerzos son insuficientes porque además de que nos atraviesa a todas las personas todo proceso de cambio es justamente un proceso y necesita de un tiempo. Pero no podemos decir que en el caso de Uruguay los femicidios sean crímenes de Estado. Si bien es un horror lo que pasa no es porque no se estén haciendo los esfuerzos necesarios para modificarlo.

Entonces ¿por qué se dan?
Tenemos mucho para analizar. Es muy llamativo que en la mayoría de los homicidios por violencia doméstica o de género no existen denuncias previas a nivel policial. Entonces en las situaciones de más alto riesgo son cuando están desprotegidas… Es como repite el ministro Bonomi: “este problema no es privativo de la policía”, es una problemática que tenemos que abordar desde todos los ámbitos y sectores. Si vamos a focalizarlo solamente como un tema policial nos va a pasar esto, que personas que no tenían denuncias y la policía no pudo participar en la prevención o en la represión, terminan con desenlaces fatales.

Ahora, ¿es un tema concreto contra la mujer como sujeto o es un tema social, cultural como parte de una sociedad violenta en su conjunto?
Se da lamentablemente -los números no mienten- que las principales víctimas somos las mujeres; pero es importante ver el modo en el que aprendemos a relacionarnos no sólo entre varones y mujeres sino entre los mismos varones donde tenemos que el primer objeto para violentar es todo lo que tenga que ver con lo femenino y después la vemos traducida en otras formas de violencia que se ejercen sobre las masculinidades que no son las hegemónicas. Esto lo tenemos que trabajar desde el vamos, desde la educación inicial, cuando empezamos a socializarnos y seguirlo trabajando durante toda la vida porque hace a los valores y cuestiones que se arrastran desde siempre y donde se concibe al varón como el fuerte, el expansivo, el que ocupa el espacio… lo reforzamos con las barras bravas en el fútbol, la “garra charrúa”, el festejar cuando un jugador pierde el conocimiento en la cancha y sigue jugando por encima de su propio autocuidado y salud… todas esas cosas que como sociedad incentivamos que hagan los varones: escuchamos en la cancha  “quebralo” cuando le sacan una pelota a un jugador, entonces promover nuevas masculinidades es una estrategia muy valiosa.

El trabajar el hecho de la tolerancia en las frustraciones; el desarrollo del amor en todos los ámbitos porque también hay estudios de la Facultad de Psicología que hablan que las relaciones violentas muchas veces tienen que ver cuando el varón empieza a visualizar que su pareja ya no está fusionada a él; que ya no es parte de él. Por eso creo que es una conducta muy primitiva, de querer que el otro te colme las necesidades, a veces sin hablar, que te las adivine, y entonces vos vas a ver que muchos de los desenlaces fatales de estas relaciones se dan cuando la mujer decide realmente separarse, cuando la mujer decide hacer el corte definitivo, cuando el cambio es profundo y radical.

“Aprender a tolerar las frustraciones”… es algo que parecería esencial ¿no?
Exacto, y es algo que no nos enseñan… o por lo menos a los varones. Es como decía antes: si pretendés que alguien le quiebre la pierna a otro por una pelota en una cancha, no vamos a pretender que en la casa sea un encanto…

Lo formador que llega a ser el lenguaje, porque quizás ni siquiera está planteada como real la acción de “quebrar”, pero sí se construye la violencia desde el discurso…
Todo lo que no sea “cortar con la dulzura” está mal visto, si no que vayan a jugar a las muñecas como se ha dicho recientemente ¿no? (Risas). Después nos preguntamos por qué tanta violencia en el deporte, pues ¡todo está relacionado!

En comparación con años anteriores ¿cómo está nuestro país en cuanto a las cifras de femicidios?
Las denuncias hemos visto que han ido aumentando pero nosotros lo atribuimos más que nada a que se mejoró el registro por parte de la policía y hay más confianza en las instituciones y la gente se anima más a denunciar. Ahí vas a tener un aumento considerable y es lo que se viene dando; sin embargo, ahora también se da que en el momento que las mujeres empezamos a querer tener el manejo de nuestra propia vida, y tomamos decisiones radicales de terminar con una pareja, por ejemplo, o aprender a decir no, es como que existiera una fuerza enorme que intenta callar ese movimiento.

¿Hay una forma de prevenir esto? Pensando principalmente en esos casos donde no existe ese antecedente o denuncia previa...
Desde el ministerio siempre estamos trabajando con otras instituciones y estamos atentos a lo que tiene que decir la sociedad civil para intercambiar y tomar acciones coordinadas. Pero desde el mismo Ministerio, y más con los casos que hemos tenido de policías que terminan con la vida de sus parejas, es necesario tomar decisiones fuertes como por ejemplo el protocolo que tenemos para las situaciones que involucren a policías en violencia doméstica y de género. Pero es central el trabajo que se realiza por ejemplo desde la Dirección Nacional de Sanidad Policial con los policías y sus familias para reeducar a los agresores.

Igualmente hablamos de policías que ya tuvieron un antecedente de violencia doméstica, pero en los casos donde no hay denuncia previa ¿cómo se puede prevenir?
Ahí las capacitaciones y sensibilizaciones, la parte formativa y educativa son centrales. Porque venimos de naturalizar ese tipo de violencia. Hay veces que a medida que vamos estudiando o participando de intercambios y talleres nos vamos dando cuenta que tenemos conductas violentas o agresivas que no sospechábamos que teníamos. Aprender a identificarlas y trabajar desde la raíz es aportar a la prevención. Y esto es clave no solo para la interna policial, esto es así para la sociedad toda: en las escuelas por ejemplo, que aprendamos a identificar nuestras conductas violentas y a trabajar para modificarlas y cambiar las reacciones. Porque después hay que trabajar el tema de la frustración: frustrados vamos a estar todo el tiempo porque no todo sale siempre como queremos… entonces si no sabemos qué nos pasa, por qué reaccionamos violentamente, tenemos que empezar a trabajar cómo modificamos esa repuesta. Creo que concientizando funciona…

Ahora, ¿existe una red de contención o de “reeducación” para aquel que dice “sí, me reconozco violento” y decide cambiar?
Sí, por ejemplo en la Intendencia de Montevideo hay un servicio para los varones que quieren dejar de ser violentos, en Sauce hay servicios que trabajan con el mismo modelo… en Sanidad Policial para quienes sean funcionarios del Ministerio también hay un servicio para varones que ejercen violencia y lo que se está trabajando con Inmujeres es un proyecto para que existan más servicios que se encarguen de la reeducación de los varones agresores. Esto más que nada tiene su base en el modelo chileno que habla justamente de reeducación. Pero también tenés la posibilidad de que en tu prestador de salud puedas acudir a una consulta psicológica particular que te acompañe y te ayude a hacer un proceso de salida de eso que te está molestando.

Y en el caso de aquellas personas que ya fueron procesadas por violencia doméstica o directamente femicidio, ¿existe en el ámbito del Instituto Nacional de Rehabilitación esa reeducación?
Sí, en estos momentos hay un equipo de Sanidad Policial, de los servicios de atención de violencia doméstica, que está realizando un proyecto piloto con los varones privados de libertad que han sido procesados por estos delitos. Pero el tema de las consultas psicológicas es clave para poder transitar esas etapas que son tan movilizadoras cuando queremos hacer un cambio profundo en nuestra vida y no porque se considere una patología. No son enfermos quienes ejercen violencia, pero sí es cierto que cuando queremos cambiar cosas profundas es muy movilizante; se nos disparan un montón de defensas que boicotean nuestro proceso y acompañado de profesionales es siempre mas llevadero.

Es entonces un tema de educación más que nada...
Nosotros creemos que sí; vos aprendés a reaccionar de determinada manera, aprendés a vincularte con ciertos valores y conductas, pero son cosas que se pueden reaprender si uno realmente quiere hacerlo.

Finalmente ¿cómo ve el Ministerio el caso de Colombia donde se incluyó definitivamente el término “femicidio” como figura delictiva?
No, en el caso de Colombia lo que se incluyó es justamente el término “feminicidio”. En nuestro país, el concepto es, como dijimos antes, el otro. Y en este sentido el Ministerio ya hace un tiempo que viene planteando la postura a favor de incluir la figura del femicidio en nuestra legislación. Concretamente nuestro Director General planteó en la primera reunión del Consejo Nacional de Género el interés del Ministerio de trabajar activamente en esa propuesta, por lo tanto es algo que se ve con beneplácito.

¿Cuál sería el beneficio de ello? ¿Qué tipos de avances plantea?
El hecho de hacer visible esta horrible realidad nos implica una postura política importante en lo que hace a tomar la temática con la verdadera seriedad que tiene y no meter todo en la misma bolsa cuando en realidad está pasando que la mayoría de las mujeres que mueren por una muerte violenta son en el ámbito doméstico. Y de su altísima mayoría son asesinadas por su pareja o expareja. Entonces es una realidad que queda desdibujada si hablamos de “homicidio” como un término neutro.


Montevideo, 10 de julio de 2015
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