Palabras del Sub Director de la Policía Nacional por el día del Policía caído en cumplimiento del deber

DÍA DEL POLICÍA CAÍDO EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER

Estamos aquí hoy para honrar a nuestros policías muertos en el cumplimiento de su deber, y también acompañar en su dolor a los familiares, amigos y compañeros de las Unidades y de servicio. Lo hacemos por vocación y por mandato de la ley 18.377 aprobada el 7 de octubre de 2008. Pero además lo hacemos convencidos de que honrando a nuestros policías muertos, dignificamos también nuestra profesión y nos respetamos a nosotros mismos.
Queremos expresar nuestro afecto y respeto en estas palabras, porque la pérdida de un hermano, un padre, un hijo o de un compañero muy cercano de trabajo a los que vimos morir de forma violenta, es un dolor que ninguna palabra o acción puede compensar, es una pérdida que no se puede reparar.
Honrándolos, además, estamos fortaleciendo la gratitud como un valor necesario en la sociedad en la que vivimos. El reconocimiento implica también darles visibilidad como ejemplos de entrega y solidaridad. La reflexión sobre esos ejemplos nos lleva a apreciar el trabajo que día a día, todos los días, hacen los policías que arriesgan su vida en defensa de los derechos de los ciudadanos.
Las sociedades siempre le han asignado a algunos de sus servidores una carga de riesgo  exclusivo, una responsabilidad y un compromiso extremos.
El hecho de que ese  compromiso haya sido contraído voluntariamente  y puesto de manifiesto al expresar con el juramento de egreso, defender la Constitución y la ley, la vida y los intereses de la comunidad, aún con el sacrificio de su propia vida y asumido en todas sus consecuencias  como en los casos de  los policías que hoy recordamos, señala la dignidad de esa conducta y obliga a nuestro  reconocimiento.

Estamos en este lugar porque fue el elegido por el visionario Don Juan Carlos Gómez Folle en ocasión de rendir homenaje  por los hechos del 20 de noviembre de 1933 donde en una operación originada a partir de un intento de copamiento de una vivienda, perdieran la vida seis Policías y nueve resultaran heridos, mientras que del grupo de delincuentes dos fueran muertos, tres heridos y tres más detenidos.
Según extrae José Victoria Rodríguez del oficio 1.841 de la Seccional 19 de fecha 22 de noviembre de 1933 y publicado en su libro Evolución histórica de la policía uruguaya tomo 3, la finca que se intentó tomar se ubicaba en la calle  Manuel Herrera y Obes Nro. 3930 casi Aurora, allí resistió a balazos la esposa del dueño de casa, un conocido financista de quinielas y juego clandestino llamado Marcos Calleriza. A los dos delincuentes que se retiran se unen después cuatro más y en diferentes grupos y momentos se dan los siguientes sangrientos tiroteos: El primero en Agraciada y Aurora (hoy Ángel Salvo). El segundo en arroyo Miguelete y Tembetá. El tercero en la Estación Yatay. El cuarto en Agraciada 3829 donde funcionaba el restaurante Nacional. El quinto en la vivienda ubicada en Zufriateguy 983. El sexto en Zufriateguy frente al 998 en la vía pública y posteriormente en el interior de la vivienda. El séptimo en Cochabamba Nro. 16 en el pasillo de fincas allí ubicadas.
En ese enfrentamiento murieron el Agte de Tercera Genaro Leytes de la División Investigaciones quién estaba destacado en la Sucursal del Banco de la República de Agraciada y Camino Castro, el guardia civil Máximo Rodríguez quién franco esperaba un ómnibus que lo trasladara a su Seccional 20, el Sgto Juan Balbino Rodríguez de la Comisaría de Tránsito quién conducía una motocicleta policial con “side-car” al detenerse sobre el puente del arroyo Miguelete, el guardia civil Juan Gamarra de la Seccional 19, el Agte. de Tercera de Investigaciones Raúl Páez López y Agte. Rojas Maldonado de la Seccional 9na.
En la sociedad antes como ahora hubo violencia y delincuentes tan crueles y despiadados ayer como hoy, en el caso que relatamos, una banda numerosa, individualmente mejor armada que los policías y con saña extrema demostrada al rematar cuando ya caídos y heridos de muerte, el delincuente Denis completa su sangriento acto, dándole un puntapié al guardia civil Rodriguez y disparando nuevamente sobre su cuerpo y el del Agte Leytes.

Otro hecho histórico policial, vinculado a los enfrentamientos relatados, es que el Panteón Policial ubicado en el Cementerio del Buceo, se inauguró oficialmente, al conmemorarse el 20 de noviembre de 1937 el 4to aniversario de aquellos penosos acontecimientos, donde en la oportunidad fueron trasladados al mismo los restos de los policía abatidos el 20 de noviembre de 1933.
Pero también por decreto del 10 de junio de 1936 a iniciativa de la Jefatura de Policía de Montevideo, se instituía como “Día de la Policía” el mismo 20 de noviembre de cada año, seleccionándose esa fecha para su celebración, “en homenaje al organismo encargado de tutelar la vida y los intereses de la población”, fecha que se mantuvo hasta el 10 de marzo de 1943  donde por Decreto se fija para  todo el territorio nacional, como fecha de celebración del “Día de la Policía” , la del 18 de diciembre.
Destacamos otra circunstancia histórica y es en relación a que por iniciativa del Jefe de Policía de Montevideo, la Junta Departamental había resuelto el 3 de noviembre de 1937, promulgar por Decreto Nro.1692, dando el nombre de “20 de Noviembre” a esta plazoleta, la cual a partir del 18 de diciembre de 1975 pasó a denominarse “Plaza de la Policía”.
Aspiramos a que en el plan urbanístico de revalorización de esta zona, el gobierno departamental tenga en cuenta en sus proyectos para que este espacio público sea un reflejo digno al mérito de los Policías caídos como servidores públicos.
En muchas circunstancias cuando homenajeamos a nuestros muertos, los hacemos en términos de exaltación, con un enfoque ajeno, épico, distante, pero la realidad nos indica y por lo tanto lo destaco, las similitud entre el valor y honor de aquellos que estamos recordando con el que expresan hoy, los policías que día a día arriesgan su vida con el propósito de asegurar la vida y convivencia pacífica de la sociedad.
Estas muertes pegan en la célula básica de la sociedad como lo es la familia, al quebrantar una parte sustantiva de su composición, con lo cual quedan maltrechas, debilitadas y vulnerables, dado que el Estado no siempre tuteló en su justa medida a las esposas e hijos desamparados, quienes debieron abrirse camino en la vida con la falta de un jefe de familia que dio su vida en defensa de la sociedad y que ésta no valoró en su justa medida en todo tiempo, este compromiso y sacrificio extremo de un servidor público.
El convencimiento del acatamiento a la ley, son los valores que demostraron los policías fallecidos en cumplimiento del deber, de los cuales también participan quienes hoy integran la Fuerza Pública.
Más de 250 muertos, con cinco Policías caídos en el último año, a cuya lista se integra el Agte.1ra. Luis Suarez caído el viernes pasado, constituye;   para un país joven y de relativa poca población, una cifra enorme en pérdida de vidas para restaurar el orden y la seguridad ciudadana. Vidas que se perdieron súbitamente, casi siempre en inferioridad numérica y de armamento, con el factor sorpresa en contra, en un teatro operacional siempre cambiante y generalmente desconocido, con situaciones personales,  de vida y valores totalmente distintas a las del oponente.
La procedencia de la sangre derramada y pérdida de vidas es variada, las hay de Agtes. de Tercera, de Segunda y de Primera, Clases, Cadete, Oficiales Subalternos, Oficiales Jefes, Oficiales Superiores y Jefes de Policía. Policías de la Capital y del interior, de Seguridad y de Investigaciones, Coraceros y Metropolitanos, Bomberos, Penitenciarios y de Caminera entre otros.
Hoy estamos ante una oportunidad para cambiar la orientación hacía una policía moderna, que opere y gravite alrededor de los padecimientos ciudadanos. Por eso estamos entusiasmados con los procesos de cambios que se incorporan en la construcción del Plan Director donde se definen las líneas estratégicas fundamentales.
Estas transformaciones y reorganizaciones se están planificando e implementado con el mayor grado posible de participación, pues la intención es escuchar, atender opiniones diversas dado que existen distintos modos o manera de innovar y lograr idénticos propósitos, sin abdicar o renunciar a la hora de la toma de las legítimas decisiones finales.
De allí las consultas a todas las Unidades o la integración de grupos de trabajo, en temas como el disciplinario, el modelo de Policía Comunitario, las reestructuras de la Jefatura de Policía de Montevideo en cuanto a sus aspectos orgánico y de servicio, de las Jefaturas del Interior en lo orgánico y también en lo presupuestal, por mencionar algunos ejemplos.
Deseamos también incorporar por una parte una reflexión general sobre la ética para analizar y clarificar sus aspectos más relevantes y motivar hacía una mayor preocupación por lo ético, y por otro lado, una reflexión sobre la deontología profesional de una policía actualizada y adaptada a las sensibilidades y exigencias de la sociedad actual. Hablamos de una policía que hoy es más necesaria que nunca como garante del orden social y de los derechos fundamentales, únicamente al servicio de todos los ciudadanos, sobre todo los más desfavorecidos, a pesar de las presiones que tendrá que aguantar, porque solamente este tipo de servicio es el que la justifica y que la honra, y que le da la autoridad moral para poder actuar.

Finalmente, al mirar el futuro con optimismo y particularmente definir como nos queremos ver en ese futuro, aspecto este que es parte de los procesos en los sistemas de gestión de calidad. En la construcción de esa Visión, nos permite pensar en el porvenir mediato, por ello debemos tomar la decisión de construirlo desde ahora, de modo tal que el estancamiento o progreso de la Policía en las próximas décadas, dependerá de nuestra capacidad para mantener las definiciones estratégicas de seguridad y convivencia en el país. Sólo si somos capaces de hacer del conocimiento una herramienta que sume valor al servicio, de la entereza moral que dispongamos cuando aparezcan las dificultades y una actitud proactiva, como un excelente modo de rendir cuentas a nosotros mismos y ante la ciudadanía.
Cuando se puedan consolidar las estrategias definidas, implementadas con el compromiso y la participación a su nivel de todos los Policías, cada uno desde su rol, llegará entonces el momento de lograr la confianza y reconocimiento de nuestros conciudadanos. Al transitarse ese camino, con el trabajo que día a día hace todo Policía,  será este proceso el mejor modo posible de acercarnos a emular el ejemplo y homenajear a los héroes que hoy reverenciamos.
Muchas gracias.

Insp. Gral. (R) Raúl N. Perdomo Rijo
Sub. Director de la Policía Nacional








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