Cárceles de Lavalleja - Campanero marca el rumbo...

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Habitualmente solemos escuchar decir que el interior del país tiene características propias que lo hacen diametralmente diferente a la capital. El relacionamiento -personal y directo- que hace de ciudades y pueblos, lugares donde la gente se reconoce y comparte afectos de manera más íntima, marcan un diferencial importante que se refleja en todos los ámbitos.

No obstante esa diferencia, el problema carcelario registra las mismas carencias de los grandes centros penitenciarios metropolitanos, donde el hacinamiento también está presente.

En contrapartida, experiencias como la iniciada en este departamento, constituyen un camino alternativo hacia la efectiva rehabilitación de los reclusos y una esperanzadora solución al tema de la superpoblación carcelaria.

El Insp. Mayor Martinelli, dirige personalmente este proyecto, que es un modelo donde el esfuerzo individual y colectivo de los privados de libertad, genera resultados alentadores de reinserción y rehabilitación para los mismos.

En un entorno natural privilegiado, se erige el Complejo Agroindustrial Campanero, un lugar enclavado a pocos kilómetros de la ciudad de Minas, sobre el km. 125 de la Ruta 8. El mismo cuenta con una población reclusa que cumple sus penas trabajando en tareas propias de un establecimiento agrario junto con otras tareas productivas como la fabricación de bloques y baldosas que se comercializan en el departamento, generando así recursos que se reinvierten en el propio complejo. Actividades que dan sustentabilidad al proyecto al tiempo de constituirse en opción de rehabilitación  para quienes se aplica, porque “el trabajo educa”, al decir de Martinelli.

Una característica singular de este modelo de gestión, son los recursos donados por la población civil o por organismos públicos, que son reciclados y adaptados para las instalaciones del complejo. Con ese caudal de accesorios –obtenidos a partir de donativos de la propia sociedad civil de Lavalleja- los mismos reclusos se encargan de su restauración e instalación en las barracas que poco a poco son recicladas para alojarlos como huéspedes.

Un centro de reclusión como este no solo es viable por su impronta auto sustentable, sino también por el agregado invalorable de la rehabilitación que genera el trabajo de una población reclusa que, lejos de permanecer ociosa, participa en la construcción y conservación del mismo. El sentimiento de pertenencia que genera ese trabajo propicia su conservación, asegurada por el afecto intrínseco que genera preservar lo que, con esfuerzo, se construye.

Por supuesto que el perfil de quienes participan del proyecto está especialmente definido y comprende a internos de baja seguridad. Pero, también es cierto que la actividad contagia y emite mensajes positivos que van calando para el resto de una población reclusa que aspira a formar parte del emprendimiento. De este modo, se construye una alternativa original, accesible y altamente positiva –en términos de rehabilitación- que hacen de la misma un modelo a difundir y sembrar a lo largo y ancho del país.

La experiencia de Campanero es un ejemplo real de lo que puede hacerse en la materia, y sin duda alguna su desarrollo pleno dará respiro y solución a una situación carcelaria que apremia.


 


Montevideo, 22 de julio de 2010
UNICOM
Ministerio del Interior